"Me re ghosteaste"

ARCHIVO 501

Mar Letarotiste

6/11/20263 min leer

“Me re ghosteaste”,

le escribió él.

Él no había dicho:

“sábado a las 9”.

“te paso a buscar”.

“vamos a tal lado”.

“quiero verte”.

No.

Él dijo algo peor.

Algo más cómodo.

Algo que parece un plan si estas con hambre de que te elijan.

El escribió en el CHAT:

“vemos qué hay para hacer.”

Y ella leyó:

“quiere verme.”

Leyó:

capaz esta vez con este sí.

Leyó:

“no arruines esto así se te da”.

Leyó:

"contestale bien."

Leyó:

"abrí tu agenda, contale tu disponibilidad."

Ahí empezó el problema.

No cuando él después de eso desapareció unos dias.

Antes.

Cuando una frase tibia entró en el cuerpo y vos empezaste a calentarte sola.

“Vemos qué hay para hacer.”

Y en tu cabeza ya hay algo que pasa.

Qué te ponés.

Qué día podés.

Qué le contestás para sonar relajada.

Cómo mostrar interés sin quedar como necesitada.

Cómo no enfriarlo a partir de ahora.

Cómo no perder la posibilidad.

LA POSIBILIDAD DE QUÉ.

Si todavía no hay nada.

Pero vos ya estabas cuidando algo que él ni siquiera había construido.

Eso es lo que da vergüenza mirar.

No que te guste alguien.

No que quieras verlo.

Sino lo rápido que tu cuerpo se ofrece a completar lo que él deja vacío.

Él deja la puerta abierta.

Vos ya vas atrás empujando.

Él dice “vemos”.

Vos empezás a organizarlo sola.

Él no decide.

Vos empezás a facilitarle acceso a vos.

Él no propone nada.

Vos ya estás pensando cómo no incomodarlo.

Y después, cuando no le respondés ese "vemos que hay para hacer", como le pasó a Paula, vuelve a aparecer ofendido, con la frase perfecta:

“che, me re ghosteaste…”

Ahora parece que vos hiciste algo.

Que vos no definiste.

Ahora parece que él quería y vos no.

Pero no.

Vos no ghosteaste una cita.

Y la ambigüedad se murió rápido porque solo respiraba con tu ansiedad.

La versión vieja de una mujer, la que se entrega en bandeja, hubiera hecho esto:

“Ay, perdoname.”

“Yo puedo el sábado.”

“O domingo.”

“Decime vos.”

“Si querés nos vemos.”

“Dale, coordinemos.”

La versión vieja hubiera recibido ese mensaje y abierto todo:

agenda.

disponibilidad.

pedir perdón.

energía.

cuerpo.

otra vez expectativa.

Por un “vemos”.

Porque eso era.

No una cita.

A ver si vos empujabas.

A ver si vos sostenías todo.

A ver si vos eras ESA que aceptaba eso.

La que no espera recibir una invitación.

La fabrica.

La inventa.

Dice “él me habló”, pero le escribe primero ella.

La que no recibe un plan.

Y lo arma. Se adapta a TODO.

Y después dice:

“Él me invitó.”

La que no nota que está haciendo el trabajo de los dos porque le parece normal esforzarse así cuando alguien le gusta.

Y claro.

Después terminás AGOTADA.

Después decís que todos los hombres son tibios.

Después decís que nadie concreta.

Después decís que siempre remás sola.

Pero antes de que él sea tibio, vos ya estabas caliente.

Calentando la proxima frase.

Calentando el chat para que no muera.

No te dolió el “vemos”.

Te dolió darte cuenta de lo rápido que tu cuerpo quiso convertirlo en ALGO.

Por eso 501 no es para aprender frases.

Es para ver el momento exacto donde te regalás.

No es cuando le das tu whatsapp y le mandás un audio de tres minutos.

Antes.

Cuando leés “vemos” y tu sistema nervioso te dice:

“estamos avanzando”

"Le gusto."

Puedo facilitarle todo para vernos.

Y ahí tu chat empieza a OLER.

A esfuerzo.

A espera.

A abandono.

A amiga.

A “yo puedo lograr que él me elija”.

A “decime vos”, yo me adapto.

A “no quiero parecer intensa pero”.

A mujer que todavía cree que si facilita todo, la van a elegir.

Pero una cita que tenés que empujar vos sola para que se de no es una cita.

Es una sala de espera.

Tu versión 501 no hace un escándalo.

No pelea por chat.

No le pregunta despues del "che me re ghosteaste?":

“pero entonces si queres vernos todavía?”

No arma el plan sola.

No manda otro mensaje.

No le cuenta su vida por chat.

No confunde humo con interés.

Solo responde, si tiene ganas:

“dale, vemos.”

Y deja que la ambigüedad haga lo único que podía hacer:

morirse.

Porque si algo solo existe porque vos lo sostenés, no era interes.

Era tu ansiedad trabajando gratis para que te elijan.

501 es para eso.

Para dejar de hacer logística emocional por un hombre que no dijo nada concreto.

Para dejar de convertir el “vemos” en tu fantasía.

Para que tu chat deje de oler a abandono maquillado de “mira qué copada soy”.

Y si esto te molestó, probablemente ya sabés cuántas veces la cagaste sin darte cuenta.

501 no te enseña a parecer RELAJADA.

Te muestra dónde tu chat te REGALA.